miércoles, 5 de octubre de 2016

El Baile Cura

Hoy quiero romper una lanza a favor del arte, que no nos vamos a engañar, a veces lo menospreciamos porque como la mayoría de las cosas más valiosas, parece que "no sirve para nada".

Y quiero deciros algo, hoy en día estamos demasiado ocupados para irnos encima después de trabajar o estudiar a bailar: "déjate, que ya bastante tengo". A raíz de un problema familiar pensé en dejar aparcado el baile por un tiempo porque realmente era lo que menos me apetecía hacer, no me "nacía" bailar, me parecía irresponsable por mi parte debido a todo lo que tenía encima, pero paradójicamente una vez más, fue lo que más me ayudó a echarle coraje y ganas al camino que nos deparaba el día a día. Iba a dar clase al centro cultural de Moratalaz desde el hospital Gregorio Marañón y en el coche iba pensando en las pocas fuerzas que tenía para empezar y encarar la clase de la que era profesora, pero sin saberlo, mis alumnas me alentaban con su sonrisa y su entusiasmo y acababa olvidando la atmósfera fría del hospital.

Así que desde aquí, solo quiero daros la bienvenida al curso y deciros eso, que aún cuando no apetece bailar, aún cuando está cayendo la de San Quintín, no dejes de bailar, aunque no sea todos los días, aunque al principio pienses si te merece la pena apuntarte, aunque tengas dudas de si es para ti o no.

Porque el baile cura, y en los tiempos que corren, hace falta "más baile y menos Prozac", o lo que es lo mismo, subir los niveles de serotonina de forma natural, social y con menos efectos secundarios.

martes, 23 de agosto de 2016

No, tú no sirves para bailarina

Hace tiempo, leí este cuento en alguna parte y me influyó de manera profunda... Me enseñó el verdadero sentimiento de superación personal y cómo la seguridad en uno mismo es lo único que puede cambiar tu vida, que puede aparecer un maestro maestra que te guíe y dé luz en el camino, pero que es uno mismo quien tiene que creer en sus posibilidades y crear su propio destino y construir un camino día a día hasta llegar a él.
Si quieres, puedes, pero solo te pido que quieras, que quieras con todo el alma, hasta que empiece a tomar forma, color, sabor y aroma...

lunes, 18 de abril de 2016

¿Por qué pertenecer a una Compañía de Danza?

La vida me ha ido demostrando muchas cosas, entre ellas que la vida parece a veces, que para bien o para mal, tiene pensado ciertos planes para ti que vas conociendo poco a poco.
Nunca quise ser bailarina, yo solo era "una chica que bailaba", nunca me planté dar clases o bailar profesionalmente. Como siempre he dicho las mejores cosas que me han pasado en la vida, tengo la sensación de que me han escogido ellas a mí, y que luego, yo las he aceptado e integrado con devoción en mi vida, y agradezco que me pasaran y se pusiera en mi camino porque no me han podido dar más dicha.
Cuando la directora de mi compañía, la Compañía Sándalo, me invitó a ser parte de su proyecto, me pareció desde el primer momento, un gran regalo, unos de los mejores que me podían ofrecer, y sabía que era una gran oportunidad para crecer tanto como en mi faceta como bailarina como a nivel personal.
Nunca sabes que será aún mejor de lo que imaginas, y es que si una bailarina tiene fuerza, la mezcla de energías de grandes bailarinas puede ser tan fructífero como creativo, una bomba, un "big bang"...
Yo he aprendido y me he nutrido de mis compañeras, sus estilos, su técnica, su generosidad tanto en el escenario como fuera, y he aprendido, que es un como una gran familia, artística, racional y visceral.
Nunca acabas de aprender todo del todo, pero yo, que siempre he ido tan "por libre" en la vida en tantos sentidos, he notado como una concatenación que me es necesaria. Mis compañeras dan a esta sirena anclaje y tierra firme, y madera, madera de Sándalo, que al bailar arde y llena la atmósfera de un aroma embriagador, y hay ciertas cosas, la mayoría, que compartiéndolas son aún más grandes si cabe.
 Hay que cosas que cuando está implicada tanta gente, dejan de ser una anécdota, para ser casi, eternas.
Esa es la alquimia del grupo.
Porque todas juntas, somos gente que soñamos, y los sueños compartidos, toman realidad...

jueves, 4 de febrero de 2016

Cómo la Danza Oriental cambió mi vida

Como ya he dicho alguna vez, yo llegué a la danza del vientre de casualidad, como llegan las mejores cosas. También gracias a una lesión de rodilla, una condromalacia rotuliana. Como se dice coloquialmente, todo lo que viene, conviene. Tuve que dejar el "Jazz", lo que yo había bailado desde pequeña y "probé" qué era eso de la danza del vientre.

La danza oriental ha cambiado mi vida, así de claro. Podría decirlo de otra manera si queréis, pero mejor ser francos y directos. Yo arrastraba innumerables cicatrices de vida (imagino que igual manera como todos en mayor o menor medida) y la danza del vientre se encargó de ayudarme a superar muchos complejos con mi cuerpo (rehusaba a enseñar las piernas y nunca llevaba faldas o vestidos cortos, me hizo ver la feminidad que emanaba cuando me soltaba el pelo, que siempre llevaba recogido, lo bonito que podían bailar unas manos, y la belleza que tenía la cadera en movimiento, sin sentirme sucia, o libertina por ello, sí, era bastante cohibida... aunque cuando lo explico a mis alumnas todas se quedan mirándome de hito en hito sin creérselo del todo. Pues tan verdadero como os cuento, sin maquillar.
Imagino que por eso, nunca he buscado tanto el brillo y la lentejuela, sino, un trabajo más personal y mágico, con el tiempo, me he dejado seducir por los trajes más ostentosos, sí, por la estética que requiere bailar en escenario o en restaurantes, pero intentando preservar cada día, el leitmotiv que me embarcó en este viaje, la alegría y el sentimiento de renacimiento y purificación interna que siento al bailar. Luego vino también, refinar mi técnica, ir a mil seminarios, nutrirme viendo muchos vídeos, panacea en muchos momentos. (Dicen que tenemos que tenemos las neuronas espejos que nos hacen sentir que hacemos lo mismo que visionamos)
Me dio mucho estructura mental empezar a dar clase, porque siempre he sido muy despistada, nerviosa, y con déficit de atención de pequeña, preparar actuaciones, aleccionar y motivar a mis alumnas, compartir, sentir que he nacido. La carrera que hice (Periodismo) tengo que decir que se me hizo muy ardua y me decepcionó desde el minuto 1, me esperaba otra cosa, y era la danza lo que hacía de motor de arranque de este vehículo, para seguir en el kilometraje del día a día.

Para resumir, la danza cambió mi vida:
1. Dándome confianza en mí misma
2. Abriéndome el camino hacia la sensualidad y qué significaba eso
3. Aportándome disciplina
4. Aprendiendo a que la técnica es importante para bailar sin lesionarme y poder expresar mejor desde el cuerpo, con más herramientas
5. Admirar más aún si cabe a las mujeres y al poder creador y convertidor que tienen, sobre todo, a mi profesora, Vicky Ameijide, a mis alumnas, y a mis compañeras de Sándalo (compañeras de batallas).
Y a vosotras, ¿cómo os ha cambiado la danza oriental?



sábado, 30 de enero de 2016

La belleza de las Brujas...

Nunca quise ser un hada,
quise ser una bruja,
hechicera,
alquímica,
intuitiva,
en el vientre de las mujeres se fraguan los sueños,
la vida,
y el amor.
A veces quieren danzar y compartir su ternura y coraje a través del movimiento,
el movimiento de la rebeldía.
La belleza de las brujas...


viernes, 8 de enero de 2016

¿Por qué bailo?

Bueno, realmente, no sé bien por qué se debe bailar, no os voy a mentir...
Solo os puedo acercar a mi realidad, ¿por qué comencé yo a bailar?
Pues hoy me quiero mojar, implicar, comprometer con esta respuesta, explayarme un poco, sincerarme, y devolverle la verdad a ella, a mi compañera, a la danza...
Yo empecé a bailar, porque durante mucho tiempo me centré en los estudios, de pequeña, estaba muy escudada en la coraza de mis gafitas, mi aparato de dientes, y una lesión que tuve en una pierna.
Llevaba el pelo recogido hacia atrás, recogido en una coleta baja, y una diadema encima, no fuese a salirse un pelo de su sitio, llevaba zapatos, sí zapatos y me encantaba corregir en clase a mí profesora en cuanto a gramática, ortografía y léxico se refiere, era, toda una Matilda, el personaje de Roald Dahl. Me encantaba leer y me enfrascaba en adquirir conocimientos, palabras y conceptos nuevos que me acercaban los libros. No era infeliz, me mantenía entretenida, pero creo que había algo que quería ser liberado, mi niña interior. No tuve una infancia dura, pero en algunos aspectos sí algo complicada, como todos a su modo, imagino, y mi encorsetamiento me daba seguridad pero me restaba rebeldía, libertad y ese puntito de excentricidad, o electricidad que nunca debemos perder, necesitaba hacer alguna locura, soltarme el pelo, atreverme a dejar un rato mis anteojos olvidados, mirar mi cuerpo sin que me diera vergüenza y sonreír y verme bonita al compás del movimiento en armonía, necesitaba conectar con partes de mí que estaban en el tintero, rizarme el pelo, caerme y volar.
A la Jessica con gafas y con coleta la debo la periodista que soy, y justo a la misma, la necesidad de escapar, de atreverse, de enfrentarse consigo misma y subirse a un escenario, para gritar, y para salirse de sí misma por unos momentos.
Solo así, logré aprender a escapar de los demás y de mí misma, solo cuando bailaba sentía que era invencible, y tan alquímica como el Ave Fénix, una figura tan importante en mí vida.
Así que sí, la respuesta, aunque a primera vista parezca pueril, para mí goza de gran significado, empecé a bailar para soltarme de nuevo el cabello y hacer mía la tierra, y un poquito, el cielo.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Calentando motores antes de bailar

¿Qué hace la bailarina antes de salir a bailar?
Entre bambalinas, cuando nadie aún no ve, cuando todavía no ha salido a escena...