sábado, 30 de enero de 2016

La belleza de las Brujas...

Nunca quise ser un hada,
quise ser una bruja,
hechicera,
alquímica,
intuitiva,
en el vientre de las mujeres se fraguan los sueños,
la vida,
y el amor.
A veces quieren danzar y compartir su ternura y coraje a través del movimiento,
el movimiento de la rebeldía.
La belleza de las brujas...


viernes, 8 de enero de 2016

¿Por qué bailo?

Bueno, realmente, no sé bien por qué se debe bailar, no os voy a mentir...
Solo os puedo acercar a mi realidad, ¿por qué comencé yo a bailar?
Pues hoy me quiero mojar, implicar, comprometer con esta respuesta, explayarme un poco, sincerarme, y devolverle la verdad a ella, a mi compañera, a la danza...
Yo empecé a bailar, porque durante mucho tiempo me centré en los estudios, de pequeña, estaba muy escudada en la coraza de mis gafitas, mi aparato de dientes, y una lesión que tuve en una pierna.
Llevaba el pelo recogido hacia atrás, recogido en una coleta baja, y una diadema encima, no fuese a salirse un pelo de su sitio, llevaba zapatos, sí zapatos y me encantaba corregir en clase a mí profesora en cuanto a gramática, ortografía y léxico se refiere, era, toda una Matilda, el personaje de Roald Dahl. Me encantaba leer y me enfrascaba en adquirir conocimientos, palabras y conceptos nuevos que me acercaban los libros. No era infeliz, me mantenía entretenida, pero creo que había algo que quería ser liberado, mi niña interior. No tuve una infancia dura, pero en algunos aspectos sí algo complicada, como todos a su modo, imagino, y mi encorsetamiento me daba seguridad pero me restaba rebeldía, libertad y ese puntito de excentricidad, o electricidad que nunca debemos perder, necesitaba hacer alguna locura, soltarme el pelo, atreverme a dejar un rato mis anteojos olvidados, mirar mi cuerpo sin que me diera vergüenza y sonreír y verme bonita al compás del movimiento en armonía, necesitaba conectar con partes de mí que estaban en el tintero, rizarme el pelo, caerme y volar.
A la Jessica con gafas y con coleta la debo la periodista que soy, y justo a la misma, la necesidad de escapar, de atreverse, de enfrentarse consigo misma y subirse a un escenario, para gritar, y para salirse de sí misma por unos momentos.
Solo así, logré aprender a escapar de los demás y de mí misma, solo cuando bailaba sentía que era invencible, y tan alquímica como el Ave Fénix, una figura tan importante en mí vida.
Así que sí, la respuesta, aunque a primera vista parezca pueril, para mí goza de gran significado, empecé a bailar para soltarme de nuevo el cabello y hacer mía la tierra, y un poquito, el cielo.