viernes, 3 de febrero de 2017

La danza del vientre no es una danza sexista

Normalmente no suelo decir que bailo danza oriental, no lo decía en la universidad, tan solo a mis amigos, y tampoco suelo decirlo en otros ámbitos, ni profesionales ni sociales, porque siempre he tenido que aguantar comentarios sexistas o jocosos. Y estoy harta. Harta porque donde hay gente que solo pueden ver un traje de dos piezas y un baile "lujurioso", yo solo he podido ver desde que empecé a bailar hace doce años ha sido una danza que rescató una feminidad que había sublimado, me enseñó la diferencia entre sexualidad y sensualidad y que, como un día dijo el maestro Fathy Andrawis: "La bailarina ha de danzar como una reina y no como una sierva del sexo".
Bailo todos los fines de semana en un restaurante y he de decir que nunca me he sentido sexualizada, al revés, me he sentido respetada tanto por mis jefes y jefas como por los clientes, ha sido en la vida cotidiana, donde he sentido más afrentas en ese sentido.
Así que, por favor, quiero hacer un llamamiento para que tomemos conciencia sobre lo importante que es esta danza para liberarnos de complejos, ganar confianza y generar grandes dosis de positividad, todo lo demás o dejan de ser prejuicios y doble moral, que para mí no tienen nada que ver con todo lo que puede aportar esta maravillosa danza, y no digo baile, digo, danza, la diferencia para mí es grande, la danza, además, de mover el cuerpo, mueve el alma, y eso es lo que transforma todo.
Pura alquimia.

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