jueves, 4 de febrero de 2016

Cómo la Danza Oriental cambió mi vida

Como ya he dicho alguna vez, yo llegué a la danza del vientre de casualidad, como llegan las mejores cosas. También gracias a una lesión de rodilla, una condromalacia rotuliana. Como se dice coloquialmente, todo lo que viene, conviene. Tuve que dejar el "Jazz", lo que yo había bailado desde pequeña y "probé" qué era eso de la danza del vientre.

La danza oriental ha cambiado mi vida, así de claro. Podría decirlo de otra manera si queréis, pero mejor ser francos y directos. Yo arrastraba innumerables cicatrices de vida (imagino que igual manera como todos en mayor o menor medida) y la danza del vientre se encargó de ayudarme a superar muchos complejos con mi cuerpo (rehusaba a enseñar las piernas y nunca llevaba faldas o vestidos cortos, me hizo ver la feminidad que emanaba cuando me soltaba el pelo, que siempre llevaba recogido, lo bonito que podían bailar unas manos, y la belleza que tenía la cadera en movimiento, sin sentirme sucia, o libertina por ello, sí, era bastante cohibida... aunque cuando lo explico a mis alumnas todas se quedan mirándome de hito en hito sin creérselo del todo. Pues tan verdadero como os cuento, sin maquillar.
Imagino que por eso, nunca he buscado tanto el brillo y la lentejuela, sino, un trabajo más personal y mágico, con el tiempo, me he dejado seducir por los trajes más ostentosos, sí, por la estética que requiere bailar en escenario o en restaurantes, pero intentando preservar cada día, el leitmotiv que me embarcó en este viaje, la alegría y el sentimiento de renacimiento y purificación interna que siento al bailar. Luego vino también, refinar mi técnica, ir a mil seminarios, nutrirme viendo muchos vídeos, panacea en muchos momentos. (Dicen que tenemos que tenemos las neuronas espejos que nos hacen sentir que hacemos lo mismo que visionamos)
Me dio mucho estructura mental empezar a dar clase, porque siempre he sido muy despistada, nerviosa, y con déficit de atención de pequeña, preparar actuaciones, aleccionar y motivar a mis alumnas, compartir, sentir que he nacido. La carrera que hice (Periodismo) tengo que decir que se me hizo muy ardua y me decepcionó desde el minuto 1, me esperaba otra cosa, y era la danza lo que hacía de motor de arranque de este vehículo, para seguir en el kilometraje del día a día.

Para resumir, la danza cambió mi vida:
1. Dándome confianza en mí misma
2. Abriéndome el camino hacia la sensualidad y qué significaba eso
3. Aportándome disciplina
4. Aprendiendo a que la técnica es importante para bailar sin lesionarme y poder expresar mejor desde el cuerpo, con más herramientas
5. Admirar más aún si cabe a las mujeres y al poder creador y convertidor que tienen, sobre todo, a mi profesora, Vicky Ameijide, a mis alumnas, y a mis compañeras de Sándalo (compañeras de batallas).
Y a vosotras, ¿cómo os ha cambiado la danza oriental?