miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Estudiar o bailar?


Cuando tenía 17 años, sabía que quería seguir tomando clases de baile. Para costearme las clases, trabajé durante los meses de verano en una tienda de deportes. Fue ese mismo año donde empecé con la danza oriental y el yoga. Cursaba segundo de Bachillerato y estaba a las puertas de la temida Selectividad.
Más que nunca, para paliar los efectos del estrés y la presión del curso, bailé como nunca ese año. Alternaba el estudio en mi habitación con pequeñas improvisaciones de media hora.

Cuando me fui adentrando más y más en serio en la danza, mis padres más preocupados estaban de que abandonara mi formación académica por la danza, que cada vez me demandaba más tiempo.

Cuando entré en la carrera, mi padre sobre todo me instó a dejar el baile y centrarme en mis estudios universitarios: "la danza no te dará de comer, tu carrera sí". Pero yo le explicaba que la danza alimentaba mi espíritu, mi cuerpo y mi alegría, que era la gasolina que ponía en marcha el motor de mi vida, la que me daba fuerzas para ir cada día a la universidad, que cada vez me decepcionaba más y me parecía más tediosa, cada vez me absorbía más y más energía, mientras la danza me la brindaba a borbotones.

Paradógicamente, en la actualidad, con mi carrera terminada, los únicos resquicios que he encontrado son los relacionados con el baile. Cuántas vueltas da la vida...

Así, sigue tu instinto, y haz, sobre todo, aquello que te haga sentir más vivo cada día. Luego todo se irá ordenando y hoy en día, una carrera es algo complementario a una formación, no algo determinante para ni ser feliz, ni tener trabajo.



viernes, 21 de marzo de 2014

Dar caña en las clases de baile

"Dar caña" en una clase no es sinónimo de aprender más.
Yo tuve una gran maestra que en una clase, hablando de la docencia nos dijo lo siguiente:
"En vuestra vida laboral como "profes", podéis decidir cómo dar las clases, hacerlas sudar (a las alumnas) y que salgan pensando que han hecho mucho y que se han cansado, o que salgan habiendo aprendido realmente una técnica y algo más allá que salir fatigado siguiendo a la profesora".
En el escenario se da caña, eres bailarina, en clase primero tiene que haber una pedagogía, una técnica, y después toda la caña que se quiera. Cada uno que revise sus prioridades. Pero la caña por la caña trae consecuencias llamadas lesiones. De las mismas, por suerte o por desgracia, sé bastante porque aprendí a bailar en clases sin base, de manera muy intuitiva. Eso me ocasionó una dolencia de la que tardé mucho en recuperarme gracias a la danza oriental y a colocar bien la postura del cuerpo.
Bailar por bailar, perfecto. Pero cuidadín, que las articulaciones y músculos tienen un tope y unos límites, y el sudar por sudar no puede ser el único baluarte en las clases.

Jessica.